“Cuando miramos con el corazón: una reflexión sobre la inclusión verdadera” Columna de Opinión
Cada 21 de marzo, el mundo se detiene para reconocer y celebrar la riqueza de la diversidad humana. El Día Mundial del Síndrome de Down no solo nos invita a visibilizar una condición genética, sino también a reafirmar un compromiso: construir una sociedad verdaderamente inclusiva. En el ámbito educativo, este desafío es de vital importancia. El aula es un reflejo del mundo que queremos y el primer espacio donde los niños y niñas aprenden que las diferencias no son límites, sino oportunidades para crecer.
Chile ha avanzado en políticas públicas, con normativas que promueven la inclusión en educación, el acceso a la salud, la accesibilidad universal y la integración laboral. Llama la atención que nuestro país tenga el doble del promedio mundial de nacimientos de niños con síndrome de Down, lo que nos plantea una responsabilidad aún mayor. Historias como la de Diego Vega —joven copiapino que trabaja en el área de recursos humanos de una empresa minera— demuestran que, con el apoyo adecuado, la inclusión real es posible y enriquecedora para todos.
Desde nuestra identidad como colegio católico, el Papa Francisco ha sido una voz firme en favor de la inclusión, el respeto y la dignidad de las personas con discapacidad. Sus palabras resuenan con fuerza cuando afirma que “todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia”. Con esta visión, el Papa reafirma el valor único e irreemplazable de cada vida y nos invita a recibirla con amor.
Hoy, más que conmemorar, celebramos. Celebramos los talentos, los logros y el valor único de cada persona con síndrome de Down. Y reafirmamos que la verdadera inclusión no se impone: se cultiva con voluntad, comunidad y amor. Porque cuando dejamos de ver una condición y empezamos a ver a la persona, florece lo mejor de nuestra humanidad.
Jossefa Retamal
Coordinadora PIE
Colegio Mixto Inmaculada Concepción de Talcahuano